Genoveva Casanova: “No sé si sentiría a Dios tan vivo dentro de mí si no hubiese cometido los errores que he cometido”


Aunque es uno de los rostros más habituales y valorados del ‘papel couché’, Genoveva Casanova es una perfecta desconocida. Cuando la conoces alejada de ese mundo de fama que la rodea, descubres a una mujer sensible, dulce y sencilla. Perdió el anonimato cuando inició su noviazgo con el padre de sus hijos, Cayetano Martínez de Irujo.

Nos hemos citado un día festivo a las 5:30 de la tarde en una terraza del madrileño paseo de Pintor Rosales, cerca de donde vive. A nuestro encuentro también han venido unos habituales en su vida. La persiguen día y noche a la espera de cazarla en alguna situación comprometida, para después llevarla a las revistas del corazón. Son los paparazzi, que trabajan sin parar. “Es un robo a la libertad”, comenta Genoveva.

Su belleza y elegancia nata no dejan indiferente a nadie. Tiene los ojos azules, una expresión tímida y una figura frágil. La persona exterior vaticina lo que existe dentro de la interior. Pedimos un té y comenzamos a hablar…

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Genoveva Casanova en el parque de Pintor Rosales. (Fotografía: Pepe Luis Vázquez)

Has accedido a dar una entrevista a un joven de veinte años para un blog y sin cobrar un duro… ¿crees que la gente te conoce? 

No mucho la verdad. La mayoría de las entrevistas que me hacen, a pesar de que algunas son muy buenas y se extienden hasta una hora y media, el medio de comunicación corta lo que cree que resulta más interesante al público. Entonces quitan una parte muy importante de cómo es la persona, supongo que no pueden transcribir todo, pero…

Confiesa estar pasando un momento muy bueno. Su primera novela (El llanto de los elefantes) “se está vendiendo muy bien” y también porque ha vuelto a la universidad, para finalizar la carrera de Filosofía y Letras. “Estoy estudiando muchísimo, todo el día leyendo teología, filosofía del hombre y esas cosas que me gustan”. En su momento no pudo acabar sus estudios porque “tenía un embarazo gemelar de alto riesgo”. Los médicos le aconsejaron dedicarse plenamente a su salud.

Conoció al que fuera su marido en Sevilla, donde estaba de intercambio. Volvió a México embarazada de dos nietos de la recordada Duquesa de Alba. Aunque ella realmente no tenía noción de quién era el hombre del que se había enamorado. “Además de que aquí no era muy famoso, era un mundo que yo no conocía. Yo me pasaba el día encerrada en la biblioteca con mis libros, no estaba en eso”.

Posteriormente tuvo que convivir con la fama. No le afectó demasiado gracias a su familia, que le dio una estructura emocional y psicológica muy fuerte. Sus abuelos eran psicoanalistas. Revela que “al principio no era consciente de todo lo que pasaba”, porque “estaba todo el día en el campo cuidando a Luis y Amina”. Asegura que nunca tuvo la intención de darse a conocer, sólo hasta antes de casarse…

¿Cómo surgió tu primera entrevista?

Antes de que mi boda, estaba viendo las noticias en casa y empecé a llorar. Había una noticia muy dramática de unos niños. Le comenté a Cayetano que por ayudar a unos niños como éstos, sí que haría una entrevista. Por tanto fue un reportaje humanitario que hicimos a la sierra de Oaxaca, y todo ese dinero se donó íntegramente a una fundación que dobló la recaudación. Se hizo una cosa muy bonita y al viaje me llevé a mi hijo Luis.

Primera entrevista de Genoveva Casanova

Si supieses donde te metías, ¿hubieses seguido adelante?

Me han hecho esa pregunta otras veces, pero ¿sabes qué? Una persona es lo que es con todo lo que ha vivido. Entonces no sé qué te puedo decir, hay cosas que me gustan de mi vida y otras que no. De lo que se trata justamente es de ir creando la vida que quieres tener y que te hace mejor persona. Mis vivencias me han hecho aprender mucho, si hubiese tomado otras decisiones no sé quién sería ahora mismo.

Hablamos de fama, de dinero. Lleva mucho tiempo conviviendo con los medios de comunicación, ha sido imagen publicitaria de marcas como Dior o Pronovias. Asegura que la prensa rosa es algo que entiende, pero “no quiere decir que aspire o crea en ella”. Esa popularidad de la que goza le ha condicionado a la hora de publicar su primera novela, “El llanto de los Elefantes”. “Hay quienes piensan que venderé más libros y luego resulta lo contrario, todo tiene sus pros y sus contras. Puede que sea llamativo para un target de gente, pero entre otro target se te cuestiona mucho más y es más difícil demostrar para lo que vales o si realmente vales”, comenta.

En el libro narras situaciones durísimas… ¿Cuáles has vivido tú?

El terremoto de México, por ejemplo. No es tal cual lo cuento. Yo iba en el coche con mi madre y mi hermana, no con chófer. Era la hora de la entrada del colegio. Recuerdo el temblor, pero no tengo tan vivos los recuerdos como Hellena los tiene, ni esa capacidad de decisión de en cómo a ella le transforma. Porque mi personaje es mayor que yo. Es verdad que mi madre nos llevó a la Cruz Roja a donar medicamentos, pero no recuerdo nunca haber entrado. A partir de sensaciones yo he recreado un mundo que a lo mejor me ha acompañado a lo largo de mi vida, porque es más lo que me he imaginado, y lo he imaginado a tal grado, que lo he sentido.

No creo que hayas tenido secuestros ni violaciones…

¡¡No, no!! –Exclama sonriente-. Hay muchas cosas que no, obviamente.

En ese proceso de transición que experimenta Hellena Turner, protagonista de la novela, podemos apreciar la esencia de Genoveva. Por ejemplo en su encuentro con Dios. “Yo no he tenido esta religiosidad a lo largo de mi vida”, revela.

Creció en un ambiente muy abierto y diverso. Su abuelo era judío, parte de su familia no tiene religión y otra es protestante. “Aunque se respetaba muchísimo la individualidad y las creencias de cada persona.”, recuerda. Gracias a su país también conoció un ambiente muy católico. “Entonces he estado cerca del catolicismo siempre. Yo entré en una universidad católica a estudiar filosofía y ahí me empecé a acercar muchísimo. No he tenido una conversión radical, mi proceso de descubrir a Dios es algo que me ha ido pasando a lo largo de la vida”, confiesa Genoveva, que desde hace un año ha profundizado “una bestialidad” su relación con Dios. “Sobre todo desde que estuve con las misioneras en Calcuta, que fue cuando realmente empecé a conocer a Cristo”.

Para explicar su conversión utiliza el ejemplo de la piedra de obsidiana, que “para los aztecas es como el alma. Cuando la encuentras en la tierra está muy opaca, oscura, no puedes ver su brillo.” Para ellos el alma es así porque “está en bruto y a lo largo de tu vida la vas puliendo, la vas tallando, y al final esa piedra se convierte en un espejo. Entonces te conoces a ti mismo.”

Genoveva ha progresado en su filosofía. Su conversió en algún momento la ha podido enfrentar con sus errores, aunque no por ello los cambiaría. “Mira… Yo no sé si sentiría a Dios tan vivo dentro de mí si no hubiese cometido todos los errores que he pasado y que he cometido”, manifiesta. “Yo me arrepiento porque busco el perdón, y porque también quieres evolucionar en la manera que te acercas a Dios. Jesús dice que el que esté libre de pecado tire la primera piedra… El perdón por eso tiene un lugar tan importante en todas las religiones. Es primordial, pero no sólo para los demás, sino también para uno mismo”, explica.

Las riquezas te distraen del trabajo real que tienes que hacer en la vida

Con Cayetano descubres la fama y el dinero fácil. El evangelio de ayer decía: “Será más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre en el reino de los Cielos”.

No porque tenga dinero esa persona, sino porque las riquezas te distraen del trabajo real que tienes que hacer en la vida. Cuando estás rodeado de todo eso, es una prueba muy grande de tus valores y de tu lealtad hacia esos valores. Hay una gran tentación de vanidad, de egocentrismo. Te enfrentas a esa vanidad. Pero la fama nunca formó parte de lo que para mí era importante. Realmente no tienes por qué vivir en este mundo. Tú mismo puedes buscar esas distracciones, depende de dónde pongas el corazón. Si lo pones en las cosas que se diluyen, pierdes el camino. Es importante tener la visión clara y dejar un espacio que siempre te haga volver a ti mismo.

Hablando de esas vanidades, de dónde pones el corazón y de los bienes materiales, Genoveva recuerda que una de las cosas que más le impactaban de la India -que empezó a ir en el año 2005- era la vuelta a la vida real. “El volver a adaptarme a ese mundo de distracciones…”. Vengo de estar un mes en un sitio donde lo único que necesito es un kurta pijama y, de repente, tengo que volver a trabajar, porque necesito vivir, y hay que enfundarse un traje de 4.000 euros y contestar estupideces a lo que te pregunte la prensa”, relata. “Al final uno tiene que hacer un ejercicio muy grande para quitarse esas vanidades, volver hacia dentro, y reconocer cómo Dios te habla”.

Pasamos de la fama al amor. Según Genoveva todos estamos hechos para una sola persona, pero nos equivocamos porque “esa persona es Dios”. “Un sacerdote amigo mío, antes de que me fuera a la India, me hablaba que buscamos un tipo de amor. Yo estoy buscando una persona que nunca me falle, nunca me sea infiel, siempre me apoye… todas esas características que le ponemos a la persona que creemos que tenemos delante. Y nos enamoramos de ese ideal, de lo que creemos que debe de ser el amor. Pero no nos enamoramos de quien tenemos delante sabiendo que esa persona nos va a fallar, nos va a defraudar. Porque nadie es perfecto. Entonces no somos quiénes para juzgar el camino de los demás”.

¿Cómo surge ir a la India por primera vez?

Una amiga mía pasaba mucho tiempo allí. Nos insistía mucho a otra amiga y a mí. Entonces organizamos un viaje muy bonito, primero fuimos a escuchar las enseñanzas del Dalai Lama en Dharamsala y fue muy bonito. Después cogimos un coche y recorrimos el norte de la India. Fue impresionante porque estaba empezando a tener una nueva visión de la vida, y pasamos por unos pueblos donde vi unas escenas del infierno de Dante muy impactantes. La India tiene una carga espiritual muy fuerte y luego hay millones de personas que sufren discapacidades, enfermedades, no solamente la pobreza extrema.

Si no tuviera hijos, probablemente me hubiera ido a vivir a la India

¿Podrías vivir sin las cosas materiales?

Justamente el evangelio de ayer –que antes has mencionado- hablaba de renunciar a todo. La clave de la renuncia es el desprendimiento a lo material. Si yo no tuviera dos hijos probablemente me hubiera ido a vivir a la India. Pero también Dios nos pone donde estamos por una razón. Yo intento compaginar mis obligaciones con estos espacios en los que trabajo mi interior y en los que me doy la capacidad de alimentar la intimidad. Entonces renegar de tu situación no es la respuesta, al contrario, es trabajar en tu situación y ver lo que Dios te quiere decir en ella. Pero siempre teniendo en mente ese desprendimiento, porque el valor verdadero de las cosas no está en lo material.

La conversación va llegando a su fin, pero antes hablamos de sus proyectos de futuro: acabar la carrera y la tesis doctoral.

¿Puedes adelantar sobre qué será tu tesis?

Todavía se está moldeando, de hecho tengo que acabar bien con mi director de tesis el tema. ¡Espera! Vamos a pedir otro té y te lo cuento ¿vale?

Pongo en ‘pause’ la grabadora y también desconectamos nosotros. Es entonces cuando divisamos la presencia de varios fotógrafos que inmortalizan el momento y que consiguen cambiar el tono de nuestro encuentro.

Bueno… Continuamos con la tesis.

Hay mucho que he ido descubriendo a lo largo de todo este proceso de conversión. Para mí el trabajo humanitario se ha convertido en algo tan esencial en mi vida porque he aprendido lo que significa la compasión para la esencia del hombre. Más que ser un acto generoso, es la vía a través de la cual el hombre en ejercicio de su libertad, conoce el amor real de Dios. Entonces la vida tiene su sentido en la realización de esa compasión. No es lo que entendemos como tener lastima del menos favorecido. Es la capacidad humana de compartir la pasión del otro, en el sentido de aquello que nos da vida a través del sufrimiento, de la alegría, etc. Con esos sentimientos que son la esencia de la persona, me gustaría profundizar en esa metafísica de la compasión, para entender el sentido real del hombre y de la realización humana.

Tienes un gran trabajo por delante…                                     

GC: Bueno, no soy la primera que escribe sobre eso. No es una aproximación teológica a la compasión, sino una aproximación ontológica.

Finalizamos nuestra cita con un breve paseo por Pintor Rosales y unas improvisadas fotos que le pido para el post. Tengo la sensación de haber conocido más a fondo a Genoveva Casanova. Sobre todo de haber descubierto a una persona totalmente distinta a la imagen preconcebida que tenía de ella. Aunque seguirán hablando y rellenando espacios en revistas y televisiones con comentarios acerca de su persona, ella, ajena a todo, seguirá en su incesable búsqueda de Dios, sus viajes a la India, sus ratos de intimidad, sus estudios… Espero haberos acercado a esta sencilla Mexicana con espíritu indio que sueña cada día con ser mejor persona y poder ayudar a los demás.

Mil gracias Gen por tu amabilidad, disponibilidad, sinceridad y cariño.

Esa instantánea fue tomada segundos antes de despedirnos.
Esa instantánea fue tomada segundos antes de despedirnos.
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4 thoughts on “Genoveva Casanova: “No sé si sentiría a Dios tan vivo dentro de mí si no hubiese cometido los errores que he cometido”

  1. Me ha encantado la entrevista ! ! ! ! aún no has terminado la carrera de periodismo y esto que has hecho es espectacular miedo me da cuando la finalices mil ! ! ! ! gracias por publicarlo y compartirlo con todos nosotros,realmente es una chica que merece la pena descubrirla tal como tú has hecho,GRACIAS enhorabuena Pepe Luis

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