Semana de Pasión y de emociones

26MARZO 053
La Cruz de Guía de la Hermandad de La Sentencia ¡comenzamos!

El Quijote se quedaría corto si tuviera que relatar todo lo que supone para mí la Semana Santa. Tampoco os quiero asustar pero, de la forma más breve posible, voy a tratar de transmitir mis sentimientos durante los días en los que conmemoramos el hecho que cambió el mundo: la muerte del Cristo.

Aunque ya nos hemos adentramos en la Pascua de Resurrección, creo que merece la pena que os relate mi Semana Santa y las experiencias vividas… 

Plaza del Cristo de los Faroles
La plaza del Cristo de los Faroles repleta de gente para ver a la Señora de Córdoba

Llegué el jueves 17 de marzo a Córdoba. El viernes, como manda la tradición, fui a visitar a la Virgen de los Dolores (patrona de la ciudad) que, como cada año, estaba rodeada de un hervidero de gente que iba a rezarle. Aún así no tenía la sensación de que ya había llegado el momento de volver a vivir la muerte y resurrección del Mesías. Será por lo pronto que este año ha caído.

Tras una buena fiesta el sábado, el Domingo de Ramos me dispuse a disfrutar de las cofradías que iban a realizar estación de penitencia en Córdoba. Desgraciadamente ese día sólo disfruté de una increíble misa del Padre Antonio Evans, ya que la lluvia impidió que las tres únicas procesiones que habían salido tuvieran que regresar a sus templos.

El lunes Santo es un día clave en mi calendario. Desde hace muchos años tengo la suerte de pertenecer al cuerpo de nazarenos de la Hermandad de la Sentencia de Córdoba. Por mucho que madure no consigo dejar de sentir esos nervios que afloran desde que amanezco hasta que vuelvo a casa rendido tras el desfile penitencial. Aunque esta vez no pudo ser… Las inclemencias meteorológicas hicieron que La Sentencia y el resto de cofradías del lunes -a excepción del Viacrucis- pudieran salir a la calle. Sí disfruté por la mañana con la misa de hermanos en San Nicolás: un momento de recogimiento, reflexión y perdón. Y también con la actitud de mi hermandad ante la adversidad: ejemplar.

SEVILLA
La Giralda… ¡Qué belleza!

Un mal comienzo daría paso a días inolvidables… Todo empezó con la mañana del martes Santo y el regreso, que cada vez más y más deseo, a la ciudad de mi familia paterna: SEVILLA. 

Había quedado a primera hora con mi buen amigo Germán Estela, periodista de Canal Plus, para grabar un reportaje en casa de mis abuelos y la Iglesia de San Bernardo, desde donde sale la hermandad de los Toreros. Era la primera vez que retransmitían el Domingo de Resurrección y para la ocasión estaban preparando una previa a la altura del acontecimiento. ¡Enhorabuena a todo el equipo porque quedó realmente bien!

Por la tarde ya pude ver los primeros pasos de mi semana, La Candelaria, San Esteban y La Bofetá, que me hicieron vibrar y despertaron en mí todos esos sentimientos que se producen cuando contemplo la representación de la Pasión según Sevilla. 

El miércoles San Bernardo es obligado. Mi abuelo Pepe Luis le tenía auténtica devoción -que nosotros hemos heredado- a sus titulares: El Señor de la Salud y la Virgen del Refugio. Además la Virgen posee una saya confeccionada con un capote de paseo suyo. Precisamente uno de los temas del reportaje con Canal Plus era la estrecha relación que había entre mi abuelo y su hermandad.

No quiero alargarme mucho más, y en vez de relatar lo que fueron el resto de días, prefiero reflexionar un poco sobre el significado de vivir la Semana Santa de esta forma. Siempre digo que durante trescientos cincuenta y ocho días del año soy católico y durante siete capillita.

 

No os sabría explicar la historia de las cofradías y el porqué de su representación en las ciudades de Andalucía. Pero sí os puedo contar lo que siento cuando veo un paso andar de costero a costero, o cuando escucho el silencio de las calles de Sevilla mientras anda el Señor del Gran Poder. Los Pasos de Semana Santa muestran a las calles las escenas del evangelio en las que se narran los momentos que van de la entrada de Cristo en Jerusalén hasta su resurrección. A mí, personalmente, me estremecen, me emocionan y me acercan a su sufrimiento.

Las cofradías suelen estar formadas por el paso de Misterio (donde va el Cristo) y de Palio (donde va la Virgen). La Virgen está representada como dolorosa, ya que refleja el dolor por la muerte de su hijo. Y el Señor, dependiendo de la hermandad, será protagonista de un pasaje del evangelio u otro. Vemos a Jesús en momentos como la Sentencia, las Tres Caídas con la Cruz, la Coronación de Espinas… Todo para compartir con un pueblo fervoroso el sufrimiento que ÉL tuvo que experimentar con tal de salvarnos los pecados.

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Frente a la Virgen de la Macarena, ¡qué privilegio!

Os confieso que para mí jueves y viernes Santo son un mismo día. Es incomprensible que pueda aguantar tantas horas despierto con tal de ver las cofradías del jueves y la madrugá. Pero cada año lo consigo con mayor devoción y fe. Este año ha sido realmente especial, desde los oficios en la Magdalena hasta la Cuesta del Bacalao pasando por la Calle Cuna, donde la Macarena (a la que siempre estaré unido) va con más mesía.

PD: Para acabar os dejo con este vídeo que corresponde a uno de los momentos que tuve la suerte de vivir y que probablemente no olvidaré nunca por muchos motivos.

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