Los valores marcan la diferencia

  ¡¡Bienvenidos de nuevo!!

Antes que nada, quiero daros las gracias por la cantidad de mensajes que estoy recibiendo a raíz de mi regreso con el blog. Y sobre todo el aumento de las visitas, ¡qué pasada! Gracias de corazón. Últimamente he querido centrarme más en publicar entrevistas, que me gusta mucho y están directamente relacionadas con mi carrera, pero hoy os traigo un post personal y diferente que espero os guste.

Hace unos meses tuve la suerte de asistir a una conferencia del famoso economista Leopoldo Abadía. Fue en la imposición de becas del Colegio de fomento ‘El Encinar’ (Córdoba), donde se graduaba mi hermana Marina. Lo lógico era que el ponente hubiese impartido un discurso sobre la crisis económica y temas relacionados, pero no fue así. Se decantó por compartir con los allí asistentes su experiencia sobre la familia. Confieso que me enganchó desde el primer momento, y me sorprendió la juventud que desprendía ¡a sus ochenta y tres años! Pero lo que más me gustó fue cuando contó una anécdota que le ocurrió con una señora. Ésta le preguntaba, a modo de reproche, “¿qué mundo le vamos a dejar a nuestros hijos?” A lo que él contestó: “esa frase está mal planteada, mejor pregunta ¿qué hijos le vamos a dejar a éste mundo?”

Una reflexión que me hizo meditar y comprender la importancia que tienen los valores que conforman a una persona. Es fundamental luchar por aquellos en los que apostamos y que la gente se vea atraída por ellos. Al final, lo que hace diferente a alguien es la actitud con la que afronta la vida. Así que hoy voy a tratar de transmitiros los que para mí son importantes. ¡Allá vamos!

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“En la vida no cuentan los pasos que has dado, sino las huellas que has dejado”

Es posible que esto no se pueda interpretar como un valor, pero desde hace tiempo procuro aplicarlo: Las expectativas son el triunfo del fracaso. Cuando uno emprende una ruta, el ponerse expectativas no supone más que crear barreras, ya que, si no eres capaz de conseguir la meta te verás vencido y optarás por no continuar eso que habías empezado. Una de las cosas que más me gustan de la vida es dejarme sorprender por el esfuerzo. Ver lo que Dios me depara en cada momento, aprovechar las cosas buenas y sacar conclusiones de las malas. Pero nunca tirar la toalla. Si una puerta se cierra no importa, es señal de que otras se abrirán.

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¡Oye, abre tus ojos, mira hacia arriba, disfruta las cosas buenas que tiene la vida!

El respeto y la humildad te harán triunfar en el ámbito personal, y por qué no, también en el profesional. Es fundamental tratar a todo el mundo con la misma vara de medir. La educación, la amabilidad y la simpatía son actitudes que no debes usar sólo con quienes piensan igual que tú. Para que te respeten has de respetar tú también. A lo largo de mi corta vida, he tenido la oportunidad de conocer a gente de todo tipo, y sin duda las personas más queridas son las más humildes. ¡Cuidado! No debemos confundir ser querido con ser admirado o reconocido.

La lealtad te mantiene. Sólo serás capaz de hacer duraderas ciertas cosas, si eres leal. A tus amigos, valores, trabajo… Las relaciones personales se ven fortalecidas en la lealtad. La traición es juego sucio y derrota asegurada.

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Todos los días sale el sol, chipirón…

Si tú no crees en ti mismo, nadie lo hará por ti. Uno tiene que examinarse continuamente para descubrir cuáles son sus virtudes y defectos, potenciando lo primero y tratando de mejorar lo segundo. Eso no quiere decir que seas egocéntrico, soberbio o creído. Recuerdo que mis padres siempre decían: “dime de qué presumes y te diré de qué careces”. Por norma general, quien más tiene para presumir, es quien menos habla.

El que no vive para servir, no sirve para vivir. La felicidad de entregarse a los demás no tiene precio. Quizás es una de las tareas más difíciles, pero luego, cuando eres capaz de conseguirlo, los beneficios juegan en tu campo. Cuando alguna vez me porto mal con alguien, en mi conciencia aparece un versículo de la Biblia en el que Jesucristo dice: “Todo lo que hagáis con el más pequeño de mis hermanos, también lo haréis conmigo”.

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Mira quién pisas al subir, ¡porque te lo encontrarás al bajar!

Estos son algunos de los bienes inmateriales que para mí son importantes. La fama, el dinero, el poder, y todo aquello que creemos que da la felicidad, no vale nada comparado con ser una persona bien formada. Por ello, los valores marcan la diferencia.

Para acabar os quiero dejar una frase que me encanta y que reza así: “La envidia, el odio, el rencor y el resentimiento son una carta envenenada para quien la envía, no para el destinatario”.

Espero que os haya gustado y sobre todo, que os haya servido. Desde el miércoles estaré en Feria de Sevilla (¡¡¡¡qué ganas!!!!), así que esta semana no podré publicar más post, pero la semana que viene estamos aquí de nuevo y con contenidos que estoy seguro os van a encantar.

¡Un fuerte abrazo!

Pepe Luis.

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One thought on “Los valores marcan la diferencia

  1. ¡Que maravilla! Felicidades por esto que has transmitido. Hace poco comentábamos unos amigos la experiencia de aceptar nuestra debilidad con humildad, con la confianza de Dios, porque pase lo que pase -como bien dices- si algo sale mal será porque tiene que venir algo mejor. Y además, hacer las cosas con la fuerza de Dios, porque sin Él nos volvemos débiles. Esto me has hecho recordar con tu post, y son mensajes para tener siempre presentes. Gracias! 😊

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