El legado de un genio

Los hijos de Paco de Lucía revelan la historia que hay detrás del largometraje con el que homenajearon a su padre y que fue ganador del Goya a mejor película documental.

La vida puede vivirse de dos maneras: programando o improvisando. La vida de Paco de Lucía estaba programada para que fuese una constante improvisación, de principio a fin. Él murió sin que nadie lo esperara. “Pero su final parecía estar preparado, porque lo dejó todo tan bien atado…”, asegura Casilda Sánchez Varela, hija mayor del guitarrista. “Mi padre siempre me decía que el último disco que iba a grabar antes de morirse sería de copla. Fue entregarlo y fallecer al mes siguiente”, comenta su hermana Lucía. Paco se fue el 25 de febrero de 2014, un día después había quedado con sus hijos mayores para sincronizar los vídeos con la música del largometraje que éstos estaban acabando. Pero el destino quiso que el final quedara a la intemperie.

“El final de mi padre parecía estar preparado porque lo dejó todo tan bien atado…”

Para cualquier producción cinematográfica se necesitan tres imprescindibles: cineasta, guionista y productora. He aquí a los tres hijos que el músico tuvo con su primera mujer, Casilda Varela. Ninguno de ellos se ha dedicado a tocar la guitarra, pero juntos han conseguido llevar el flamenco a las salas de cine y que la vida de Paco de Lucía se convierta en disco de platino. El destino hace que parezca que el genio de Algeciras tuvo a sus hijos a conciencia para que éstos le rindieran homenaje de la forma que lo han hecho.

Casilda Varela y sus hijos
De izquierda a derecha: Casilda Sánchez Varela, Casilda Varela, Curro y Lucía.

Todo empezó hace cinco años. “Mi hermano estaba terminando en la New York Academy dirección de cine, y mi padre le propuso hacer una pequeña pieza audiovisual para anexar a su último disco, ‘Paco de Lucía, en vivo’. La discográfica Universal grababa una gira para un CD en directo y había pedido un pequeño documento video-gráfico de quince o veinte minutos. Era el mejor máster que Curro podía hacer”, narra Lucía en una terraza del barrio de Mirasierra, feudo del clan Sánchez Varela, donde ellos viven y donde además hay una estación de metro que lleva el nombre de su padre. Ella es abogada y el despacho que dirige junto a su socio, Anxo, fue el encargado de producir el documental y de controlar la compra de derechos.

De un making-of a una película

“Vente conmigo”, le dijo un día el músico a su hijo Curro en una llamada inolvidable “por la sensación de vértigo y la responsabilidad que suponía”. En un primer compás pensó en rechazar la proposición de su padre y que se encargase Universal. “Luego lo ves con perspectiva y no es para tanto… Al día siguiente lo llamé y le dije que sí. Todo ese vértigo se convirtió en ganas de pasar más tiempo con mi padre, de estar gira, de desarrollarme como profesional”, confiesa el cineasta desde el lugar donde se fraguó la película y donde actualmente lleva a cabo sus proyectos, un sencillo sótano situado en la casa madrileña donde vivió Paco de Lucía. “Aquí era donde grababa Paco”, comenta con naturalidad. Cuando lo menciona como artista, es Paco, y cuando se refiere a temas personales, es papá, separando así al personaje del padre.

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Curro Sánchez Varela desde el estudio donde ejecutó la película-documental

Al entregar el making-of, Curro se percató del material que tenía, sus cámaras habían tenido acceso a muchos momentos de la gira que ninguna otra persona hubiese podido grabar. Entonces se armó de valor y le llamó con una idea que se le había ocurrido: hacer una película-documental sobre su figura. Una tarea tremendamente difícil, por la complicación de retratar a un padre, porque ese padre es reacio a dar entrevistas y porque, además, ya existían dos documentales sobre la vida, obra y milagros del guitarrista (Light And Shadows y Paco de Lucía, 2.0, Francisco Sánchez). ¿Se podía contar algo más sobre el genio de Algeciras? Con esa pregunta empezó “Paco de Lucía: La Búsqueda”.

El proyecto no convencía del todo al compositor que, cuenta su hijo, “dio un sí con la boca muy chiquita”. Pero poco a poco fue convenciendo a su padre. “Yo creo que le empecé a seducir con la idea de reunir a todos sus amigos internacionales para que hablasen de él. Eso le hizo ilusión, le picó la curiosidad y el ego”.

“Nadie nos quería dar ni un duro porque pensaban que éramos unos niños de papá y el documental un capricho”

Tras obtener el sí, había que buscar quien subvencionara el proyecto. Para eso había que hacer no una, sino varias llamadas. La primera a Casilda Varela, la matriarca del clan. “O Botín mejor dicho”, puntualiza con humor desde la cocina de su casa. Está preparando unas papas con choco, “que a los del sur les gustan mucho”. Fue la compañera de viaje del guitarrista durante un largo periodo, y confiesa que nunca tendrá “una sincronía mental con otra persona” como la tuvo con Paco. Y es que se rompió el matrimonio, pero no el amor, que duró de por vida, ya que su relación desembocó en amistad. La que fuera mujer de Paco de Lucía ha sido generosamente la mayor fuente de financiación del proyecto. “Mi madre ha producido en el ámbito financiero. Pedimos dinero a mis padres, pero mi madre ha tenido que poner más porque lo más caro fue cuando murió mi padre: el etalonaje, condición de sonido, color…” relata Lucía, o Chía que es como la llaman en su casa, y quien según su progenitora “realizó la labor más ingrata, porque es la de decir que no”. El problema, cuenta Chía, era que “Curro quería gastárselo todo”.

Después de estas gestiones, empezaron a buscar financiación en otros lugares. “Pero cada puerta que llamábamos, nos la cerraban. Ni el Ministerio de Cultura, ni la Junta de Andalucía… Nadie nos quería dar ni un duro porque pensaban que éramos unos niños de papá y esto un capricho. Solo nos dio algo Mediaset”, revela Lucía, que junto a sus hermanos montó la productora ‘Ziggurat Films’ para tener identidad propia. “Cada movimiento fue carisísimo, casi medio millón de euros”. Un dinero que se escapaba, entre otras cosas y paradójicamente, en comprar derechos de imagen de su padre a las televisiones.

Para los tres hermanos todo era una aventura nueva, no sabían qué era una productora, se habían embarcado en un proyecto muy ambicioso sin experiencia y con el único apoyo de sus padres. Entonces entró en juego una buena amiga de Paco de Lucía: la improvisación. “Cuando haces algo por primera vez, lo haces un poco por instinto. Te encuentras cosas sobre las que estableces el guión… Vas improvisando”, cuenta Casilda, la primogénita. Estudió periodismo y trabaja en la sección de cultura de la revista Telva. Fue la encargada de hacer los guiones y las entrevistas a su padre durante la grabación del filme.

La ventaja de entrevistar a un padre

Una vez tenían productora y financiación empezaron con el pilar básico y fundamental del proyecto: las entrevistas a Paco de Lucía. Una labor fácil y difícil al mismo tiempo. Difícil porque, como relata la primogénita, al gaditano “no le gustaba dar entrevistas”. Y fácil porque “cuando conoces tan bien a una persona sabes exactamente dónde tienes que poner el foco para que saque lo mejor de sí. Te conoces sus anécdotas más bonitas”, cuenta Casilda, que tuvo la gran ventaja de conocer cosas que sólo ella sabía, porque “una persona que no haya oído algo trescientas veces no lo puede sacar porque no sabe que existe”.

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Los hermanos Curro y Casilda

Sisi, que es como la conocen sus allegados, narra los entresijos del documental desde la casa donde vive con su marido y sus dos hijos. Para ella el éxito del largometraje -en gran parte- ha sido mérito de su hermano Curro. “Tiene un ritmo, técnica, sensibilidad y calidad que está más allá de que la historia sea muy interesante. A lo mejor otro hijo con ese mismo padre no hace un documental tan completo”, afirma halagando la labor de su hermano. La periodista explica embelesada cómo era entrevistar a su padre. “Al principio estaba tenso, pero yo soy muy pesada y lo tenía sentado cuatro, cinco horas, hasta que se olvidaba de que estaba haciendo la entrevista y contaba su vida como lo hacía con nosotros.” Paco de Lucía era tremendamente carismático y atractivo. Para su hija es “como un filósofo”. “La gracia que tiene, cómo gesticula de bien que parece un actor, o cómo te atrapa cuándo habla”, comenta sin disimular su admiración.

Recuadro

La vida de Curro Sánchez ha estado marcada por la ausencia de su padre, que debido a su profesión solía pasar mucho tiempo fuera. De hecho su hermana Casilda asegura que a ella nunca le había interesado la parte pública del guitarrista, porque es lo que “te aleja de tu padre”. Los años de rodaje consiguieron, entre otras cosas, que esa relación padre-hijo se profundizase como nunca antes había pasado. Compartió con él momentos inéditos. “En una gira por Canadá recuerdo que tenía un día libre, y él solía quedarse sólo en el hotel ensayando arpegios o practicando manos. Pero ese día le convencimos para visitar la Columbia Británica en la Isla de Vancouver, que son unos bosques espesos infectados de osos negros, pumas… Llegamos a una playa que daba al pacífico y había un montón de conchas y moluscos. Entonces mi padre se sentó, empezó a recolectar moluscos y se los llevó al hotel. Nosotros le preguntábamos, ¿pero para qué quieres esto? Y él contestaba… ¿Tá bonito no?” Dice imitando el acento de su padre. “Él algunas veces tenía un punto infantil”, revela Curro.

Una de las cosas que desde el principio el director tuvo clara era que querían “entrevistar a personajes que no hubiesen hablado en ningún otro documental, y que hubiesen importado en la vida de Paco”. Una tarea que les llevó a Zurich a grabar a músicos de la talla de Bryan Adams, o a las Vegas para entrevistar a Santana.

“Después de que él muriera jugué con la idea de aparcarlo todo”

En septiembre de 2013 el Maestro pudo visionar en su casa de Mallorca los primeros 45 minutos del documental. Uno de los momentos más emotivos para su hijo. “Cuando acabó de verlo todo me dijo: tá muy bonito… la verdad que tá emocionante (pone acento gaditano). Yo estaba buscando una cámara en alguna esquina de la habitación porque decía: esto es una toma falsa, no me lo puedo creer”.

En la tarde del 25 de febrero de 2014 al Maestro se le paró el corazón en su casa de México. Un varapalo que hizo temer la continuidad del filme. “Cada día, después del fallecimiento de mi padre, jugaba con la idea de aparcarlo todo en un disco duro hasta que yo quisiese. Como si era para siempre. Pero también había un impulso que me obligaba a encerrarme en la edición. Era una dicotomía muy extraña, ni yo mismo sabía por qué me encerraba, porque era muy duro todo”, desvela el joven director de cine. Su hermana Lucía, que estuvo dos meses sin poder verlo, asegura: “Para Curro fue una terapia, porque lo sentía muy vivo viendo los brutos casi once horas al día y escuchándolo hablar. Él sintió verdaderamente la ausencia de mi padre cuando entregó el documental, entonces se derrumbó”.

Un final inesperado

La pérdida de Paco resquebrajó los esquemas y sembró desasosiego para quienes llevaban años trabajando en el proyecto. Cuando quedaban por acabar diez minutos de película, un ataque de ansiedad hizo que Curro delegase las funciones a un ‘ángel de la guarda’ que apareció de la nada, el cineasta Nacho Rodríguez Piedra, un amigo de la infancia de su hermana Casilda. “Ella me comentó que el final se les estaba haciendo más cuesta arriba de lo que se suele hacer un documental. Entonces confiaron en mí para dar salida a un final que no estaba previsto”, comenta el cineasta, que actualmente trabaja mano a mano con Curro. Para Nacho, “el final de la vida de Paco y del documental estuvieron muy ligados”.

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La familia Sánchez Varela junto a los dos premios Goya, uno ganado por Paco de Lucía en 1990 y otro por el documenal de ‘la Búsqueda’.

La película-documental se presentó en el festival de Cine de San Sebastián en septiembre de 2014. Días antes era el pase de prensa. “El termómetro de lo que va a pasar, donde están los críticos”, cuenta Lucía, que tuvo en ese pase a su socio narrando las sensaciones que se palpitaban. “Nos enviaba mensajes diciendo ‘ahora se han reído, se han emocionado…’ Cuando terminó nos comentó que toda la sala se había puesto en pie aplaudiendo. En ese momento dijimos: ya está”. Más tarde llegaron las nominaciones y en febrero, el Goya. “Sonará a falsa humildad, pero en absoluto pensé llegaría a tanto. Ha sido un sueño”, asegura Curro, que tras esta victoria afronta sus nuevos proyectos “con mucha seguridad”. He encontrado que nunca hay que conformarse, cada día de tu existencia tienes que seguir buscando, siempre hay que tirar hacia otra galaxia”, Curro Sánchez Varela. Al son de una “Rumba improvisada” finaliza el mejor retrato y homenaje que unos hijos han podido hacer a un padre, una Búsqueda improvisada que ilustra la vida que nunca acaba en Paco de Lucía.

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