La ética animalista de Himmler

Corría el año 1940 cuando en el día de la Virgen de los Reyes, el más sevillano del año, tomaba la alternativa en la Real Maestranza de Caballería el joven Pepe Luis Vázquez. El sueño se había hecho realidad. La esencia de un pueblo escondida en la sencillez de un cuerpo efeble y jovial se había doctorado. Ya tocaba ser adulto, con dieciocho años. La fugaz carrera de novillero, exitosa y prometedora, daría paso a otra carrera meteórica, en la que los triunfos se sucederían año tras año, consiguiendo así llegar a ser uno de los toreros más importantes de la historia. Rival directo de Manolete, precursor del ‘Cartucho de Pescao’, y sócrates del toreo. Conceptos que parecían inconcebibles se aunaron en una sola persona. ¿Dominar la técnica, conociendo los terrenos y al toro, con una naturalidad innata, imprimiendo arte y gracia es posible? Sí, y la respuesta es Pepe Luis.

Todo esto para contaros que tras ese doctorado, tocaba confirmar en Madrid. Un episodio que al Maestro le hubiese gustado que se hubiese producido más tarde, ya que consideraba oportuno pasar la prueba de fuego madrileña con un poco más de rodaje. Aunque por una visita de Estado ese deseo se vio truncado. El comandante Heinrich Himmler, lugarteniente de Hitler y jefe de las temibles SS, visitaba Madrid para preparar la reunión que el entonces Jefe de Estado español, Francisco Franco, y el dictador alemán, tendrían días más tarde en Hendaya.

Por aquel entonces, lo propio para una visita de Estado era que los dirigentes invitados asistieran a una corrida de toros. Pepe Luis, que había acabado su temporada en Zaragoza, viajaba de camino a Sevilla para descansar y preparar la temporada del año 1941. Hasta que en un control policial, cerca de Guadalajara, le comunicaron que debía acudir a Madrid para torear una corrida en honor al comandante nazi el día 20 de octubre.

Cartel Confirmación Pepe Luis Vázquez
El cartel de la corrida, con la esvática

Tres toros de Bernardo Escudero y otros tres de Manuel Arranz para los diestros Marcial Lalanda, Rafael Ortega ‘Gallito’ y Pepe Luis Vázquez. Al celebrarse la corrida en honor del lugarteniente del Fürer, tuvieron que ‘engalanar’ la plaza de toros con todo el esplendor nazi. De los balcones colgaban tapices con la esvástica, los tendidos se llenaron de militares… un ambiente diferente al usual del coso madrileño aquella época. Sin duda era un acontecimiento histórico. Como señala el portal tauroweb.es, más que una corrida de toros, aquello parecía un desfile militar.

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Escribir una leyenda

Pepe Luis, que había estado cumbre con el toro de su confirmación, y que -por protocolo- había brindado su faena a Himmler, no pudo completar la tarde. En el tercer toro las inclemencias meteorológicas impidieron continuar con la lidia de los tres restantes, a beneficio de los toreros, ya que como comentaba el Maestro: “los toros de Arranz tenían rizos hasta en las nalgas”. Fue entonces cuando subieron al palquillo para saludar al Jefe de Estado español y el dirigente nazi.

“Estaba sentado en una silla. Nos había regalado a mis compañeros y a mí una pitillera firmada por él, como regalo por los brindis que le habíamos hecho. Yo, como es lógico, no tenía ni idea de Alemán. Pero sentía la curiosidad de saber qué le había parecido la corrida. Fue entonces cuando le comenté a uno de los que había allí, que dominaba los dos idiomas, que le transmitiese mi inquietud, a lo que él contestó: Estoy aquí sentado porque la sangre del toro me ha mareado. Me ha parecido un espectáculo sanguinario y cruel”, así me recordaba el Maestro, desde su casa, la anécdota con el histórico nazi.

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Pepe Luis Vázquez entrando a matar con la esvástica al fondo

Actualmente la tauromaquia sufre no uno, sino múltiples ataques. Existe un denominador común (reconozco que no en todos los casos) entre los antitaurinos. Y es que defienden la idea de que no se mate el toro, con violencia. Demostrando así que les interesa más la vida de un animal que la de su semejante. Muchas veces la historia vuelve a repetirse, y por aquel entonces, fue un nazi el primero en declararse antitaurino. Años más tarde, la historía sería conocedora de que aquel nazi con ética animalista, había sido la cabeza pensante de los campos de concentración judíos, donde se exterminaron millones de personas. Los animales sí, pero los humanos no. Una ética que vuelve a resurgir en la sociedad actual. Y una historia que sitúa en el bando de los antitaurinos a gente tan ilustre como Himmler. ¿Hasta cuándo vamos a seguir tolerando esa violencia antitaurina? La última fue en Córdoba, donde en medio de una conferencia aparecieron una veintena de personas encapuchadas insultando y agrediendo a los allí presentes.

Nosotros somos los sádicos, los violentos, los asesinos, los torturadores. Pero por eso, son capaces de manifestarse treinta personas frente a veinte mil. ¿Realmente creen que si fuésemos nosotros los violentos, iban a tener cojones de venir treinta antitaurinos a provocar frente a una plaza de toros?

En el próximo post entrevisto al gran violinista Paco Montalvo. Mil gracias por leerme,

¡Un abrazo!

Pepe Luis. 

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