Carolina Herrera: “La moda es la poesía de las mujeres, arte en movimiento”

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Traspasar la puerta que divide el pasillo de la cuarta planta del hotel Ritz (Madrid) con la suite del matrimonio formado por Reinaldo y Carolina Herrera es adentrarse en un universo aparte. El recibidor con armarios de espejo, la cálida salita de estar con la chimenea, el sofá con sus respectivos sillones y la mesa de cristal en el centro. Las cortinas, las paredes empapeladas, los centros de flores, las vistas alPalacio de la Bolsa, incluso la luz que entra por la ventana… son los mil y un detalles que conforman la elegancia. Estandarte y bandera de la diseñadora María Carolina Josefina Pacanins, más conocida como Carolina Herrera. 

“¡Pasa niño! ¿Qué tal estás?”, pregunta con un suave hilo de voz e invita a cuv3 a entrar en su habitación. “Deja el abrigo ahí, ¿quieres tomar algo?”, prosigue mientras se dirige al sofá con su mítica camisa blanca y una falda larga. Se sienta cuidadosamente, y al ver un papel con el guión de la entrevista advierte: “Tú pregunta pero no en fila, sino lo que salga”. Transmite tranquilidad y dulzura, lo que no quita que pise fuerte. Ella siempre tiene la última palabra. Es lo que tiene haber cumplido 35 años triunfales en la moda y ser una de las mujeres más influyentes del mundo. Confiesa que se siente “muy bien, pero cansada”, porque estos días en Madrid ha tenido que hacer “demasiado”. Empezamos hablando de aquella señora que, con 42 años y un nieto, en 1981 decidió hacer algo diferente.

-¿Pero eso ya sabes cómo es, no?

Los comienzos en la moda

-Sí sí, pero quería saber qué hacía antes de la moda.

-Ah. Pues nada, nunca hice nada. Mis hijas, mis viajes, mi marido… Me vestían todos (o casi todos) los diseñadores del mundo. Tenía contacto con la moda, pero no profesionalmente. Entonces decidí que quería hacer algo en la vida y tuve la oportunidad de hacerlo en Estados Unidos, donde empecé. Por eso es que soy venezolana -encantada además de serlo-, pero diseñadora americana. Porque empecé en Nueva York y ahí se ha desarrollado mi trabajo, en una ciudad donde estuve desde que era un bebé.

-¿De ese contacto con diseñadores le viene la inspiración por el mundo de la moda?

-No. Quizás estaba dormida en mí, cuando estaba creciendo yo no pensaba en moda. No era como estas niñas de ahora que a los ocho años ya saben qué es una cartera de Channel y otra de Hermés. Yo estaba dedicada a mis caballos, mi tenis y otras cosas. Eso creció después, ¡se despertó en mí! Tenía la suerte de venir de una familia donde las mujeres eran muy bien vestidas. Entonces haces tu ojo, porque para la moda tienes que tener talento y ojo, que se acostumbre a ver cosas bonitas y bien hechas.

“No sé ni pegar un botón, no sé coser”

-Entonces…

-Lo llevaba dentro, porque nunca fui al colegio de moda. No sé ni pegar un botón, no sé coser. Para hacer lo que yo hago hay que tener equipos muy buenos, que tú dirijas y que tengan tu mismo ojo. Ellos ven las cosas como yo. Vienen con proposiciones y al final la última palabra es la mía. Yo decido telas, colores y en qué nos vamos a inspirar.

La elegancia: seña de identidad

Hablar de elegancia con Carolina Herrera es como rezar un padre nuestro con el Papa Francisco. Apunta que es un término que “confunden”, porque “no es dinero ni belleza. Es una proyección que la persona hace de sí misma. Tiene que ver con la forma en que te mueves, piensas, los libros que lees, cómo escoges (importantísimo). Y la tienen mujeres que no necesitan muchísimo dinero, sino que es nato”.

El culpable de ese concepto equivocado: la prensa. “Porque la moda nunca había estado tan informada, era más elitista. Hacían fotografías e informaciones de desfiles de vez en cuando… Hoy está en todas partes. Fotografían a una ‘celebrity’ que no tiene nada elegante, pero la sacan tres o cuatro veces y ya la vuelven unicono de la moda, comenta con ironía. “Eso no es así. Vean cómo es ella en su día a día, cómo tiene sus casas, qué hace. Todo eso forma parte de la elegancia”.

“Confunden la elegancia. No es dinero ni belleza”

Su referente, un español: Balenciaga. “El más grande que ha habido. Ha influenciado muchísimo, sus líneas eran muy sencillas y limpias.” De todas las personalidades que ha conocido, le resulta imposible quedarse con un nombre… “¡Han habido tantos! Yo, por ejemplo, era muy amiga de Andy Warhol, que me pintó. Eran los 70-80 y se convirtió en el Rey del Pop-art“, recuerda con nostalgia. Reconoce que nunca le dio vértigo convertirse en famosa, porque “quería decir que lo que hacía estaba bien”. No se le ha subido a la cabeza y no entiende a aquellos que se lo creen. “Los actores de Hollywood y los famosos, lo son por sus entrevistas, por los periódicos y por la gente que les pide ser fotografiados con ellos.”

Crítica con la industria

Cada vez que abre la boca, sube el pan. Sus declaraciones, cargadas de intención, no ocultan su gran pasión: la moda. “Es la poesía de las mujeres, arte en movimiento”. En sus comienzos se sintió acogida por la industria. “Estados Unidos ha sido una maravilla, son la gente más generosa que hay. La primera colección fue un éxito enorme, entré en las mejores tiendas. Hubo reseñas, buenas y malas. Yo, como no sabía dónde iba, pensaba: esta gente está toda loca porque la colección es divina”, cuenta entre risas. Esas críticas, a día de hoy le siguen afectando. “Pero aprendes de tus errores. Es humano que te afecten. La gente que diga que no las ve ni las lee, miente. Lo ven todo. Y muchas veces en las críticas aprendes algo. Además en moda no son constructivas, ¡son destructoras!”

-¿Y cómo ve la industria?

-Muy rara, porque está todo permitido. Mientras más loca estás, más contenta está la gente. Pero siempre cambia. En el S.XVIII había un grupo que se llamaban los ‘Incroyables’, hacían todo lo que no se debía hacer para llamar la atención. Eso es lo que está pasando. Va cambiando cada diez años, bueno hoy cada diez años no, cada tres meses (risas).

-¿Quién marca los cánones de la moda?

-Deberíamos ser los diseñadores. Pero la gente está muy libre, se pone lo que le da la gana. Cosa que en España no se ve, porque se viste bastante bien.

“Siempre tiene que haber misterio, especialmente en una mujer. Ahora la mitad están desnudas”

-Mi abuela cuando ve a una mujer con la falda muy corta dice: ‘qué pena, ha perdido todo el misterio’

-¡Es verdad! Porque en la vida siempre tiene que haber misterio y especialmente en una mujer. No puede ser lo de ahora, que están la mitad desnudas. Todo el mundo hace ejercicio y dietas, hay un culto al cuerpo. Entonces estas niñas en vez de tener misterio van casi desnudas.

Crisis de valores

Si la moda es reflejo de la personalidad, las tendencias lo son de la sociedad. Y éstas denotan que “el mundo tiene una gran crisis de valores en este momento. Está todo cambiado, aunque vuelve otra vez… Es lo mismo que la elegancia, se considera que está pasada de moda. Las mujeres quieren estar ‘very cool’ para el momento. Les gusta que les digan: ‘¡qué, divertida te ves!’, pero elegante es mejor“. Para la venezolana “la educación se ha perdido entre los jóvenes. Y es de las cosas que no deben perderse. Hay algo que me impresiona y es que, cuando la gente se presenta, solo dicen su primer nombre. ¿Por qué no das tu nombre completo para saber quién eres? Todos dicen: me llamo Pepe, Rosa…”

-Pero si se presenta como Carolina Herrera…

-Lo hago siempre, aunque me conozcan. Si me oyen las niñas jóvenes por ahí dirán: ¡qué pasada de mooooda! Pero hoy todo el mundo se presenta y nadie sabe quién es nadie. Llegan a su casa y dicen: oye mira, tú sabes que conocí a una tal niña… con el primer nombre que… ¿Quién será? Entonces, ¿para qué te presentas?

35 años sobre las pasarelas

Para la venezolana, lo más importante de su carrera es haber dejado una impronta, un estilo propio. “He conseguido lo que quería: que las mujeres que usan Herrera se vean bellas, elegantes y actuales. Siempre digo que no estoy en el trabajo de la moda, sino más bien en la belleza”. Ha mencionado en varias ocasiones la importancia de la prensa, “la cosa más fuerte que hay”. Y a ésta le atribuye la cultura del no se puede repetir vestido. “¿Por qué no puedes? Si te gusta el vestido te lo pones las veces que te de la gana, como si son mil. El problema es que fotografían a esas ‘celebridades’ y los vestidos no los compran, se los prestan. Entonces dicen: préstame uno, préstame otro y no se gastan el dinero”.

“He conseguido lo que quería: que las mujeres que usan Herrera se vean bellas, elegantes y actuales”

A sus 77 años se considera una mujer muy católica. “Voy a misa todos los domingos y rezo por mí y por mucha gente”. Acabamos nuestro encuentro hablando del libro fotográfico que acaba de presentar por sus 35 años sobre las pasarelas. En plena cima del éxito asegura que aún le queda mucho por hacer en el mundo de la moda. Un mundo que tiene el nombre de Carolina Herrera escrito con letras de oro en el libro de su historia.

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