Onda Cero, punto de partida

Recuerdo la angustia a finales de junio y la resignación del día 3, cuando por primera vez tuve que poner rumbo a los estudios de Onda Cero desde mi casa. Fue en ese trayecto, con GPS por cierto, cuando me dije: “Vale, el primer verano después de acabar la carrera y trabajando, es una putada, pero ya que me he metido en este charco por lo menos voy a ir sin prejuicios y con ganas de aprender, que igual hasta me sirve de algo”.

Córdoba no es una ciudad agradable en el periodo estival. El calor y la sequedad hacen de ella un paraíso prácticamente infernal durante los meses de julio y agosto. Pero la cercanía de la playa y el estar con familia y amigos fueron dos aspectos clave para que finalmente me decidiese por ese contrato de becario que me ofertaban en la universidad.

Como decía, las expectativas no es que estuvieran por los suelos, es que simplemente ni existían. De hecho, el primer día, nada hizo presagiar que estos dos meses iban a convertirse en una de las experiencias más importantes de mi vida. O bueno, quizás si.

Llegué pronto, cerca de las 8:30, para que por lo menos la primera impresión no fuera del todo mala. Me encontré en la redacción a una señora rubia y bajita que me recibió amablemente, yo ya la había conocido pero no me acordaba de ella ni lo más mínimo, y por su aspecto no podía ni imaginarme que era la presentadora del magazine local, Pilar Sanabria.

Luego conocí a Pepe Yerpes, el responsable de los informativos, y después a Laura, la otra becaria. Juntos nos íbamos a repartir las tareas de hacer pautas de publicidad, redactar y locutar noticias, entrevistar o grabar cuñas publicitarias.

Nada más llegar tuve que ir a los juzgados, con GPS otra vez -claro-. Había que cubrir una rueda de prensa sobre la plataforma Stop Desahucios y me tocaba hacer el canutazo. Como os podéis imaginar en ese momento mis ilusiones cayeron bajo mínimos. (“¿O sea que voy a ser el pringado que sale en todas las teles sujetando el micro?” Pensaba…) Después tenía que volver a la redacción para sacar el corte y hacer la noticia que posteriormente leería durante el informativo.

Una vez dejé todo escrito y a la espera de que llegaran las 13:45 pm -hora a la que empieza el informativo-, me puse a dar vueltas por el estudio. Empezó a sonar la radio desde una de las cabinas, miré al otro lado y dentro del control la vi a ella, tan pequeñita, presentando y dirigiendo el programa local de Córdoba en la Onda. Nunca olvidaré mi asombro: “¿Cómo puede hacerlo tan natural? Y la seguridad que tiene hablando. Y lo bien que suena en la radio, ¡pero si parece una de las que presentan los programas nacionales!”. Fue en ese momento cuando descubrí la magia de la radio, de la comunicación, del que una persona desde la lejanía de un micrófono en un estudio sea capaz de llegar a la cercanía de miles de oyentes.

Luego me tocó a mí salir en antena y la vuelta, ya sin GPS, fue mucho más esperanzadora. Aunque lo mejor, por supuesto, estaba por llegar.

No recuerdo bien si el segundo día me tocó ir hasta el Palacio de Viana, donde haría mi primera entrevista física (es decir, micrófono en mano) y donde cubriría una rueda de prensa sobre la presentación de una guía turística. Los casi tres kilómetros de trayecto fueron nada comparados con la ilusión y ganas de hacer mi trabajo. Definitivamente la radio y la información me habían cautivado.

Luego ya fue todo rodado. Quién me iba a decir a mí, el primer día, que acabaría haciendo un informativo a tres voces con la gran María Luisa Hurtado que, como dice el director Antonio Arroyo, acaricia las palabras. Que iba a tener la oportunidad de entrevistar a Vanesa Martín, que me iba a acabar enterando de todos los entresijos de la ciudad, o que iba a sonar en toda Andalucía con el informativo regional.

Onda Cero ha sido, sin duda, un punto de partida clave en mi vida. Por gustarme me han gustado hasta esos paseos al sol con 40º. Qué más da, ¿y lo bonita que es mi ciudad? La oportunidad de recorrerme los recobecos de sus calles, el conocer los detalles de su funcionamiento político, de sus vecinos, de los alcaldes de sus pueblos. La suerte de poder dirigirme directamente a miles de espectadores todos los días, de poder sentirme realizado. Todo ha sido un privilegio. 

Gracias a estos meses he descubierto la importancia de trabajar en lo que te gusta, los valores que deben regir a lo profesionales que se dedican a la información y la importancia de ser respetuoso con todo y todos.

Ahora Dios sabe lo que nos deparará el camino, pero por el momento sólo me queda agradecer profundamente a todo el equipo de Onda Cero Córdoba esta oportunidad que me ha brindado y el trato recibido. A Antonio Arroyo, el director, Pilar y Pepe, María Luisa y Antonio, Ana y su bonjour de todas las mañanas, María del Mar, encargada de que todo esté impecable, Juan Carlos, los comerciales y mi compañera Laura… Todos me habéis hecho vivir una de las experiencias más bonitas de mi vida, así que gracias, de corazón.

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