El flamenco de los corrillos

El arte tiene ese halo de magia por innato, improvisado, inalcanzable y esporádico. Es difícil que se conjuguen todos los ingredientes para que aparezca, pero si finalmente el milagro se produce la sensación (por decirlo de alguna manera) que genera en el espectador es imposible de olvidar.

Probablemente con la llegada de las nuevas tecnologías hubo una revolución en el alcance que podían tener momentos tan efímeros e íntimos como una reunión de flamencos ante unas copas de fino o la luz de una candela. Lo que hasta entonces era el gozo de un corrillo, se abrió al mundo entero. La Paquera dejó de ser sólo de Jerez, Camarón traspasó todas las fronteras de la Isla y los que llegaron después tuvieron la oportunidad de ser admirados por un público mucho más amplio, en parte gracias al avance de las comunicaciones.

Hace unas semanas TVE emitió una entrega del programa ‘Lolita tiene un plan’, que ha estado presentando y dirigiendo la hija de la Faraona, en el que se dieron cita tres ases de nuestro arte más jondo: José Mercé, Sara Baras y Niña Pastori.

Durante la hora y pico que los artistas estuvieron en emisión sólo pude emocionarme, aprender y sentirme privilegiado de poder escuchar como semejantes genios hablaban contando sus anécdotas, de como cantaron, de como bailaron y, en definitiva, de conocerlos como son, sin filtros. Algo que, como decía antes, si no fuera por la incursión del arte en los medios, sería prácticamente imposible.

Poco a poco, la presentadora y los invitados fueron desgranando detalles íntimos de su vida artística, de los lazos que había entre ellos, de sus sentimientos hacia el flamenco, del respeto hacia los más grandes, como Camarón o Paco. Para la posteridad quedarán explicaciones como la de José Mercé: “el flamenco no es Pitágoras, es sentimiento. Dos y dos son cuatro pero a veces dos y dos son tres y medio y está dentro del compás. Haces la misma letra ahora y dentro de dos minutos y ya no suena igual…”.

Porque el flamenco es un estado de ánimo, su grandeza abarca desde lo profundo de la tristeza con una guitarra solitaria y una voz ronca hasta las alegrías más saladas del compás gaditano. Es la raíz de una tierra, de una historia, de una cultura. Y en España siempre faltarán programas que le hagan conseguir el sitio que realmente merece.

Me impresionó la hermandad que había entre los cuatro. Parecían estar conectados a través de un cable que bebe de una misma fuente de energía. La sintonía, la complicidad, la bondad. Ver a Sara Baras emocionarse al hablar de Paco de Lucía, o a Niña Pastori contando el día que cantó el Ave María para el Papa Juan Pablo II, insisto, un privilegio único para el telespectador.

Cádiz y sus ‘hijos’ fueron protagonistas indiscutibles. La Perla, La Jurado, Lola, Paco, Camarón, El Beni, Alberti, Pemán, José Mercé, Sara, La Pastori… Y una interminable lista de genios a los que le debemos la gloria del arte de nuestro país en ese pequeño rincón del atlántico. Esa gracia natural (el age que dirían), esa simpatía, ese derroche de arte innato que otorga la tierra del sur.

Y el epílogo, un fin de fiesta por bulerías. ¿Quién no daría lo que fuera por estar ahí haciendo compás y brindando con ellos? Pues en parte, todos pudimos hacerlo. Gracias TVE por dejarnos entrar en esa reunión, gracias Lolita por la genialidad y gracias al flamenco por existir y regalarnos artistas que nos hacen ser personas mejores y más felices gracias a sus letras, su compás, su baile, su cante y su arte.

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